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LO QUE DIGA FAJARDO


La polarización es un tópico que se ha hecho frecuente en los últimos días. Cada bando de los actuales candidatos a la presidencia ha hecho presencia en las redes para mitificar o desprestigiar al oponente. El comportamiento de los cibernautas es aterrador, lo que hace que muchos de los seguidores de Sergio Fajardo, quien obtuvo el tercer puesto en las elecciones, decidan seguir el camino que él tomó, votar en blanco.

Desde que Sergio Fajardo decidió que ‘ni Duque, ni Petro’, muchos han optado por compartir la misma opinión sin siquiera imaginarse la magnitud de lo que repercute esta decisión. Recuerdo mucho el slogan ‘El que diga Uribe’, donde muchísimos que han sido beneficiados con el desplazamiento de los disidentes de la guerrilla, confían plenamente en el sucesor del ‘Gran Paraco’. La fiebre amarilla de algunos ‘fajardistas’ tampoco se aleja de la antigua situación; mientras el movimiento uribista, porque ciertamente no hay ‘duquismo’, eligen a Iván Duque, los seguidores del profesor hacen lo que diga Fajardo.

Lo chistoso de este escenario es cómo estos, quienes a su pesar tienen la inminente carga pesada del bando opresor, deciden comportarse como los seguidores de los uribistas y abrazan el tiempo de cambio. No se puede exigir un cambio si nuestro comportamiento sigue siendo subjetivo, y mucho menos si nos dignamos a seguir comportamientos y no profundizar sobre el voto en blanco en esta segunda vuelta. Si bien, esta opción en la primera vuelta es conveniente, ya que si existe un porcentaje mayor al de los candidatos, podría significar repetir las elecciones. Pero éste no es el caso, según el parágrafo primero del artículo 258 de la Constitución.

Si usted quiere decir que está descontento del resultado anterior, puede hacerlo a través de un comunicado, de las redes, una exposición o en la reunión con sus compañeros. Más allá no tendrá ningún efecto. Se sabe que en la primera lucha, el uribismo recibió el apoyo de 7’566.698 habitantes, aún si las pesquisas del posible fraude no se considerarían como tal. Nadie, ni tú, ni yo, podemos desaparecer el deseo que tienen algunos de la prontitud de una dictadura. Sea cual sea el camino, no tenemos certeza que Petro no realizará la asamblea constituyente que prometió, ni que Duque elimine las cortes para tomar el poder de los casos paramilitaristas.

La historia de Colombia no ha sido suficiente para darse cuenta que si optamos por tener nuestra propia convicción sin importar la influencia de los demás, incluso del candidato favorito, logramos generar un impacto. La ignorancia y el ego nunca nos han llevado a nuevos rumbos y, mucho menos, al gran cambio. No se trata de exigir que voten por alguien, pero se trata de demostrar que, siendo objetivistas, elegimos al que más se parece a nuestras convicciones personales. Si aún no lo sabe, le invito a orientarse a conocer el candidato que mejor representa las condiciones que quiere como país. Lo puede hacer a través de la herramienta virtual ‘CANDIDATER’, que cumple con los requisitos para que conozcas tu candidato ideal.

Recordemos una vez más los resultados de la justa pasada y seamos conscientes de que cada voto repercute bruscamente en el futuro de los niños y jóvenes de Colombia.


 

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LinaVinotinto


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